“Las Postales de Roberto”: Deconstrucción cinematográfica de la memoria

El cine de Roberto Rodríguez bebía de temáticas populares, costumbristas, con especial interés por la conexión con la naturaleza y los espacios naturales de su isla, La Palma. El extenso fondo cinematográfico de su obra es memoria filmada de las islas entre los años 50 y 70 que a día de hoy no sólo tiene un valor cultural, sino también etnográfico. Es ese carácter paisajístico y preciosista de su obra lo que, a ojos del cineasta Dailo Barco, convierte sus películas en postales, gracias a las cuales podemos abrir una ventana hacia el pasado. Las Postales de Roberto se convierte así en una remembranza, una conmemoración no sólo de la labor cinematográfica de Roberto, sino también de una vida dedicada al arte y al cine. Hay también en la cinta dos películas, la que iba a ser y la que ha terminado siendo debido al fallecimiento de Rodríguez cuando la filmación estaba ya en su fase final. Éste ha sido un infortunio que obligó a reconducir una estructura ya establecida, pero que al mismo tiempo ha aportado una lectura más metafísica al conjunto.

En la película encontramos dos personajes principales. Uno es Roberto Rodríguez, quien en el último periodo de su vida lleva a cabo esta retrospectiva personal donde su visión cinematográfica se fusiona con sus propios recuerdos. A lo largo del metraje nos habla no tanto del proceso de creación de las películas, sino especialmente de la experiencia vital que supuso realizarlas y de las personas que le acompañaron, especialmente su compañero Jan Blaauboer, adinerado inmigrante danés que le introdujo en el arte y financió sus películas. El otro protagonista es el propio Dailo Barco. La cinta arranca con él y se convierte en el conductor de la película detrás y delante de la pantalla. Al igual que aquel Jerry Thomson, el periodista que debe reconstruir toda la vida de Charles Foster Kane a partir de una mera palabra, Barco se convierte aquí en un investigador que, tras el descubrimiento del fondo Baauboer-Rodríguez Castillo en el Archivo General de La Palma, inicia todo un proceso de reconstrucción de la memoria. Entre ambos personajes se genera un lazo temporal que conecta dos generaciones de cineastas y que, al final del relato, abre una continuidad a modo de cesión del testigo.

Gran parte del metraje se desarrolla dentro de una sala de proyección, oscura, compuesta únicamente por la pantalla, el proyector y las butacas donde ambos protagonistas se sientan a revisar las películas y a entablar una conversación acerca del arte, la vida y el legado. Este espacio físico, real, se convierte en una especie de antesala al más allá donde efectivamente antes de morir la vida pasa como una película ante los ojos de Roberto Rodríguez. De esta manera, más que un documental de registro directo de la realidad, la película se nos presenta como una deconstrucción de una vida, limítrofe con la ficcionalización, donde nuestro investigador va recogiendo diferentes pistas y va ensamblando el retrato que nos quiere ofrecer. En ocasiones, estas pistas nos llegan de manera fluida, a través del discurso emotivo de Roberto, otras de manera conducida, ya sea por las preguntas con las que Dailo dirige o mediatiza la reflexión, con otras entrevistas que buscan ser explicativas del contexto o con la propia ordenación de las imágenes de las películas originales a través del montaje. Como en un biopic de ficción, hay mucho que se sabe y no se cuenta, hechos que se presentan de manera disfrazada o que se intuyen. Con esto, la intención de Barco no es faltar a la verdad, sino, como solemos hacer habitualmente con la memoria, construir un relato fluido y emotivo ofreciendo una faceta del artista cercana y accesible con la que el espectador pueda empatizar.

Las Postales de Roberto es una cinta conmovedora y nostálgica, añorante de un pasado idealizado a través de la cámara de Super-8. La película es también un tributo a una forma de hacer cine en Canarias en una época en la que imperaban líneas más experimentales y contestatarias, dejándose influenciar en algunos pasajes por el mismo preciosismo de los cortos y los cuadros de Roberto Rodríguez. No se elude la referencia al estado de pobreza de las islas o la opresión del franquismo, pero se concentra más en los aspectos costumbristas e intimistas y en el recuerdo de aquellos que ya no están.

Publicado por Manuel Díaz Noda en en El Mirador (espacio de crítica de MiradasDoc) durante el desarrollo de la XII edición de MiradasDoc.

Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de La Laguna, ejerce como crítico de cine en el blog Adivinaquienvienealcine.com y como director y presentador del programa Días de Radio de Canarias Radio, además de colaborar en radio (Radio Candelaria, Gente Radio, Canal 4 Radio), prensa (Diario de Avisos) y en el magacín digital Elblogoferoz.com. Desde 2007 forma parte del equipo organizativo del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife, Fimucité, donde desde 2013, es el responsable de la sección a concurso Fimucinema.