90º aniversario de “La hija del Mestre” – La Provincia

El periódico La Provincia publicó el miércoles 4 de abril de 1928 en su página 12 una pequeña reseña que recogía de esta manera el estreno de “La hija del Mestre” (Francisco González González y Carlos Luis Monzón, 1928) en el Cine Royal el día 3 de abril de aquel año. La película de González González y Luis Monzón se convirtió entonces en el primer largometraje del cine canario cuya ambientación se desarrollaba en las propias Islas. 

“La proyección (en el nuevo Cine Royal) de “La hija del Mestre” nos dio noción de dos modelos; el de la máquina y el de la capacidad creadora de la “Gran Canaria Films”. Carlos Luis Monzón puede sentirse satisfecho de sus actores, de los que la premura del tiempo solo nos permite una exposición sintética de las primeras figuras. Pulido, por ejemplo, es algo completo. El desigual maquillaje no consigue alterar la expresión. En María-Luisa hay una actriz que supo llegar a todo lo que puede alcanzarse a sus años en un papel tan difícil. González sabe contenerse en los límites exactos de su tipo. Castellano traspasa un poco el suyo. La señorita Teresa, definitiva. Ana de la Lastra, muy bien como edad, caracterización y expresividad, pero no es canaria. Rodríguez Iglesia estupendo. Quintero sobrio, Teresita Fanjul en su difícil papel muy discreta. Díaz sencillo. La película bien expuesta de luz en casi todas las escenas. La primera parte ofrece una visión de Las Palmas que merece todos los elogios salvo algún reparo sin importancia. Hay efectos de luz bien conocidos. La acción un poco pesada, aunque el desfile de escenas secunde el argumento demasiado minúsculo para las 6 partes. Hay alguna exageración cinemática, como en la escena del cuchillo y en la caracterización de Dolorosa en la iglesia. Las explicaciones excesivamente largas y demasiado prolijas. Bien intercaladas las expresiones insulares de las gentes de mar y las escenas compuestas con arte y realidad, lo que es difícil de aunar. Y salvo aquellos leves reparos nada inverosímil.”

La Provincia, 4 de abril de 1928, p.12.