Las formas del relato | 18º FICLPGC | Jornada 6

En una entrevista realizada esta semana a Luis Miranda, director del Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, éste apuntaba que la sección oficial de la presente edición contaba con un mayor peso de la narrativa, un regreso al relato más o menos clásico que reflejase con honestidad realidades muy diversas de distintas partes del mundo. Esta afirmación llega precisamente después de que en la edición del año pasado se señalase desde la propia organización un cierto adocenamiento del cine de festival, en el que lo que una vez había sido excepción se había ido convirtiendo en norma. Fuera de los límites comerciales, pero norma al fin y al cabo. A estas alturas del Festival podemos confirmar las palabras de Miranda, pues hasta el momento la sección oficial ha estado compuesta por obras de clara voluntad narrativa, lo que no quiere decir que sean películas corrientes (siempre encontramos algún riesgo formal o estructural a tener en cuenta) pero quizá sí que se echan en falta propuestas abiertamente rompedoras, con la honrosa excepción del siempre interesante Guy Maddin. Con esta reflexión en mente nos lanzamos a la sexta jornada de festival, dispuestos a que las películas presentadas contradigan o reafirmen esta aparente línea editorial.

Desde India y dirigida por Ere Gowda llega The Bangle Seller, en la que a través de la relación de un matrimonio con su entorno y los comentarios que surgen ante la aparente imposibilidad de engendrar un hijo se ofrece una muestra de lo tradicional que es a día de hoy la sociedad hindú y el estigma que puede suponer no responder a la norma establecida. Las frustraciones y deseos de los personajes se muestran siempre de forma velada y todo lo referente al sexo se trata con gran sutilidad, mimetizando esa necesidad de mantener las apariencias que parece marcar la convivencia, pero las imágenes dejan entrever las verdaderas pulsiones de los personajes, bien sea a través de miradas ocultas tras las ventanas o en la delicadeza al filmar un masaje. Se produce en la narración de la película una suerte de vaciado del drama, en la que todo se rueda de manera cotidiana y los personajes procuran no exteriorizar sus sentimientos, con la que corre el riesgo de caer en la intranscendencia, pero la rescata esa capacidad de sus imágenes de aportar una mirada externa y con ello una segunda lectura.

Fotograma de “Niñato” de Adrián Orr

El segundo plato en el menú diario fue Daybreak (Gentian Koçi), producción que llega desde Albania y narra las dificultades de una madre cuando es expulsada de su piso y debe buscar un hogar y un trabajo para mantener a su hijo de un año. La solución aparece con el cuidado de una señora que está postrada en la cama y cuyas hijas no pueden atender. Si en la anterior película hablábamos de un vaciado del drama, aquí por contraste nos encontramos quizás con un exceso del mismo, limitado eso sí al texto y no a las imágenes, pues aunque se muestra una realidad de forma cruda, la película huye abiertamente de cualquier sensacionalismo hasta el punto de esconder en una elipsis uno de los momentos clave en el desarrollo de la trama. Esta decisión confirma las intenciones del director de señalar las condiciones y consecuencias más que los actos en sí de su protagonista, sirviendo como testigo del estado de desesperanza e incluso de pérdida de valores que ha provocado la crisis económica, un verdadero drama que corremos el riesgo de normalizar en nuestro subconsciente.

La última cita de la jornada fue de nuevo en la sección Panorama España con Niñato de Adrián Orr, película en la que el director expande la experiencia de su corto Buenos días Resistencia, siguiendo la vida de David (alias Niñato) un cantante de Rap y padre de tres niños. Adrián realiza un retrato cercano (en todas las acepciones de la palabra) desde la óptica documental, rodando material con la familia durante cinco años y recomponiéndolo en un metraje ajustado en el que da buena cuenta de las dificultades y cambios que sufren todos su miembros sin necesidad de recalcar ese paso del tiempo ni de recurrir a entrevistas o textos prefabricados para construir una trama. Una obra digna de admiración, no sólo por el enorme esfuerzo y tiempo que ha invertido en su desarrollo, sino también por su capacidad para transmitir la realidad de la vida de un protagonista en búsqueda de unos sueños que deben amoldarse a las condiciones de su entorno. Resultó especialmente interesante el coloquio con el director después de la proyección, donde comentó las condiciones de rodaje y planificación, así como el trabajo con los miembros de la familia para alcanzar el nivel de autenticidad que se plasma en la película. En cambio quedó un regusto más agridulce con ciertas preguntas de parte del público presente en la sala, más preocupado en aclarar relaciones familiares entre personajes que no aparecen en el film y que nada aportan a la propuesta. Se confirman así los peores presagios: el público sigue estando pendiente de aclarar el relato, aunque éste ni siquiera exista.

Licenciado en Veterinaria, consumidor y pensador de imágenes sin titulación que lo acredite. Colaborador en Revista Magnolia, actualmente publica sus reflexiones sobre cine en el blog Reencuadres.