Miguel Ángel Mejías: “Un rodaje puede ser una de las experiencias más intensas y confusas que puede vivir un ser humano”

Tras una amplia trayectoria en el terreno del cortometraje, el cineasta tinerfeño Miguel Ángel Mejías se encuentra en pleno proceso de creación de su primer largometraje, La Viajante, obra producida por Digital 104 con la colaboración de Volcano Films. Protagonizada por Ángela Boix,  Miquel Insua y  Franciska Ródenas, la película terminó su rodaje el pasado 12 de mayo y afronta ahora todo el proceso de postproducción. Nosotros hemos querido acercarnos a esta producción de la mano de su director para conocer un poco más de ella y de lo que nos depara.

Imaginamos que ha sido toda una aventura llevar a cabo un proyecto tan ambicioso como es “La Viajante” en un terreno geográfico y cinematográfico como es Canarias.

“Sí, así ha sido, y también con la presencia que han tenido los elementos naturales dentro de la película. Ha sido un reto, pero lo hemos sacado”.

¿Qué es La Viajante? ¿De dónde surge?

La Viajante es la historia de una mujer que se tiene que enfrentar a la soledad y decide comenzar un viaje. Empieza a echar millas con su coche. En este viaje recoge a Miquel, que es un personaje muy misterioso y que esconde un secreto. A partir de ese momento la relación empieza a derivarse y a desarrollarse, pero es más que nada esa búsqueda de la identidad de la protagonista, de cómo las personas nos enfrentamos a la soledad, el vacío, y más hoy en día, en esta era tan virtual, tan táctil.  

En términos cinematográficos, el viaje suele estar integrado en el subgénero de las Road Movies, un concepto que, como bien indicas, no sólo abarca un viaje físico, sino también un viaje interior en los personajes. El espacio geográfico se transforma también en un espacio metafórico.

Completamente. Además, la película comienza con el bullicio de la idea de la ciudad, con una ciudad indeterminada. Rodamos en Canarias, pero en la ficción es un no-lugar, un espacio indeterminado, buscando también la universalidad de las preguntas que plantea la película. De ese bullicio poco a poco se va yendo hacia el silencio, hacia el inconsciente; eso se va a ver, jugamos con la idea de la metáfora y de la simbología constantemente.

La película se ha rodado en Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura. ¿Visualmente qué es lo que buscabas de estas localizaciones? ¿Por qué has escogido estos lugares tan concretos?

Antes de cualquier cosa soy un amante del cine. Jugamos con muchos géneros a medida que va transcurriendo la película. En concreto soy muy fan del Western. En casi toda la historia, el espacio tiene un protagonismo esencial. Nuestra protagonista es bastante silenciosa, viaja en soledad, por tanto la información que absorbemos de ella no es muy explícita. El paisaje se convierte en la herramienta para explicar ese estado. Esa evolución dentro de la identidad de la protagonista existe y se desarrolla también fuera, en el paisaje, la naturaleza, los cambios de color, de texturas. Siempre van a la par. Por eso también esas islas, esos diferentes espacios, para marcar esa variación.

Precisamente en tus cortometrajes te has caracterizado por economizar mucho el diálogo y dar un valor más expresivo a la imagen. En un corto sabes que cuentas con un tiempo más reducido, por lo que el silencio, que para algunos espectadores puede resultar incómodo, está más acotado. Sin embargo, al dar el salto a largometraje, esa economía de diálogo requiere también un tratamiento diferente.

Sí, claro, completamente. Supone un reto para mí como director, para trabajar con los actores, y supone también un reto como guionista, porque también es una herramienta maravillosa. Yo amo un buen diálogo, pero defiendo que el cine tiene que narrar con la imagen. Estás escribiendo con la imagen. Defiendo lo que puedas decir con una imagen o con una mirada, y te lo puedas ahorrar con texto. Hay diálogo en la película, sí, y es un diálogo que juega mucho con la idea del silencio, con el ritmo general de la película. Para mí eso es muy importante, el tempo, el ritmo. Todos los elementos de la orquesta, incluído el diálogo, componen una experiencia muy sensorial. Es una película con una línea narrativa clásica, personajes clásicos, guiños clásicos, referencias clásicas, pero a mí me gusta el cine que se sienta, que pueda tocar, que se huela. Se trata de combinar esos elementos. También con un toque de psicodelia.

Fotografía del rodaje de “La Viajante” en Fuerteventura. Jonay Armas

La Viajante llega después de un trayecto por diferentes obras dentro del terreno del cortometraje. ¿Hay en ella una progresión con respecto a ese universo que has ido creando con tu obra anterior?

Yo creo que comienzo a profundizar. Mi relación con la cámara y el cine siempre ha sido una búsqueda y eso toma totalmente forma en esta película. Para mí, Ángela, la protagonista, es una especie de alter-ego. Miquel, el otro personaje, también. Todas esas inquietudes que estaban en los cortos toman forma. En esta película se va a ver que he bebido mucho de los cortos, porque en la mayor parte de esos cortos que he hecho, que se han movido y que se han podido ver, ya tenía esta película en la cabeza. Me han ayudado a gestarla mejor, a desarrollarla mejor. Los últimos cinco años de mi vida han sido todos para este momento, para donde estoy ahora. Desde el rodaje lo estoy notando. Me noto diferente, que he cambiado y que estoy cambiando. Estoy en pleno proceso, no sólo como cineasta, sino como persona. Vamos a ver a dónde nos lleva, buscando cada vez más la honestidad y la belleza del cine.

Comentabas que en la película, el personaje de Ángela es una especie de alter-ego. También vuelves a coincidir con la actriz, con Ángela Boix. ¿Supone la actriz también una forma de crear un puente entre los cortos y el largo?

Sí. Yo creo que nos hemos estado preparando, Ángela y yo. Ha sido lo más importante que hemos hecho en nuestras vidas. Ella me ayuda a conectar, y ella ya sabe lo que sucede en mi cabeza. Podemos comunicarnos muy rápidamente, y de forma no verbal, para llegar a estados y emociones. Nos conocemos bien y buscamos lo mismo. Anhelamos lo mismo del cine. Ángela y Miquel se llaman igual en la película y son dos variaciones de mi nombre. Para mí vienen a ser el mismo personaje. En cierto momento buscaba una simbiosis, y eso también era un reto, que no se pisen los personajes. Vamos a ver qué tal. Yo creo que ha ido bien.

Nos comentabas que ha sido un proceso largo. Han sido muchos años fraguando e intentado sacar adelante este largometraje. Un proceso en el que al mismo tiempo has estado desarrollando todo ese trabajo en el terreno del cortometraje. ¿De qué manera este trabajo en los cortos ha generado un cambio en la idea primigenia que tenías de La Viajante?

En mi poca experiencia, yo creo que la idea primigenia es la más importante, porque después te vas a ir por muchos sitios, y finalmente vas a volver a ella; no porque la busques, sino naturalmente todo el proceso creativo te va a llevar allí. Sin embargo, los cortos y todo lo que he hecho aparte de la película han estado muy conectados. Todo lo que hago, cuando intento comunicarme a través de la cámara, tiene que ver con lo que estoy viviendo, con mi etapa vital, mis inquietudes del momento. Todo está muy relacionado.

Miguel A. Mejías da instrucciones a los actores durante el rodaje de “La Viajante” en Tenerife. Foto de Angharad Rojo.

Comentábamos antes el peso del componente visual en tu obra anterior y en esta película; sin embargo, mientras que en los cortos te encargabas tú mismo de la dirección de fotografía, aquí has contado con Pablo García Gallego. ¿Qué te ha aportado contar con alguien que se encargue de ese apartado?

Ha sido un lujo. Yo tengo muy clara la imagen. Tener gente que está muy conectada a la tecnología, a las nuevas cámaras, a toda esta parafernalia, en concreto Pablo, que tiene un instinto, porque él ha crecido con las cámaras, con el tratamiento de la luz a través de sensores digitales, me ha ayudado muchísimo a llegar a esos mundos que buscábamos. Los hemos encontrado y hemos descubierto más todavía. Ha sido brutal. Pablo ha hecho un trabajo estupendo y la gente lo apreciará en el cine y van a alucinar. 

Dentro de ese proceso de creación de la película, y que es uno de esos obstáculos con los que generalmente se encuentra la producción en Canarias, es la financiación. La Viajante ha conseguido financiación via crowdfunding y también es uno de los trabajos subvencionados por el Gobierno de Canarias dentro de las nuevas políticas de ayuda al sector audiovisual. ¿Nos estamos encaminando hacia una verdadera industria en Canarias capaz de acceder a ese componente de financiación que siempre ha sido una pata esquiva en las Islas?

Yo creo que sí. Talento y gente que pueda hacer buenas películas, aquí en Canarias, muchísimos. Y películas de todo tipo y no sólo a nivel técnico. Nosotros somos el resultado de este apoyo gubernamental, pero yo creo también que es importante que los productores se interesen, como sucedió con Digital 104 conmigo, y se arriesguen, que crean en estos talentos que hay por ahí y que se conecten. Es necesario que se creen sinergias y que se saquen proyectos adelante, aunque lleven tiempo, aunque no puedas contar con una subvención de ayuda al desarrollo para el próximo año, da igual. Hay que seguir tirando para adelante del proyecto y quizás el año siguiente encuentren algo, y si no, el crowdfunding. Si no hubiese tenido la subvención, la película la habría hecho de otra forma, sería otra película completamente diferente. Ha sucedido cuando ha sucedido. Hemos tenido suerte, pero también hemos estado ahí. Ahora se acercan muchos proyectos. Tengo muchos amigos con unos guiones escondidos y con ganas de rodar, pero para ello tienen que superar todos estos procesos burocráticos, que también son muy complejos y también tienen sus pros y sus contras, cosas que no están del todo bien matizadas. Tiene que continuar el diálogo entre el Gobierno y las asociaciones de cineastas. Pero es muy importante decir que talento hay y de sobra.

¿Tienes una fecha prevista para el estreno de la película?

En esto de aventurarse a hacer una opera prima necesitas jugar con el elemento suerte y de ver cuál es el recorrido. Hay que ver qué recibimiento tenemos en los festivales, dependiendo de eso a lo mejor la película tiene un camino u otro, nunca se sabe. La película tiene que estar acabada en diciembre. Ese es el momento en el que la película tendrá que estar enfrentándose al mundo de los festivales y demás, que también es un mundo oculto y complejo. Y duro.  Ahí estás muy expuesto. Vamos a ver qué es lo que pasa. Yo espero que se pueda ver en el cine. Lo más importante es que tenga vida, que una vez uno se desprende de ella, uno ya termine, que siga viva un tiempo, que todo el trabajo que has derrochado se pueda compartir. Y a partir de ahí seguir con nuevos proyectos. Creo que un rodaje puede ser una de las experiencias más intensas y confusas que puede vivir un ser humano. Les recomiendo a todos que se pasen alguna vez por un rodaje. Eso hay que sentirlo. Ha sido una locura maravillosa. Me queda todavía un proceso muy bonito con el montaje. Vamos a ver qué pasa. Espero que la gente la reciba bien, que la película esté a la altura.

Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de La Laguna, ejerce como crítico de cine en el blog Adivinaquienvienealcine.com y como director y presentador del programa Días de Radio de Canarias Radio, además de colaborar en radio (Radio Candelaria, Gente Radio, Canal 4 Radio), prensa (Diario de Avisos) y en el magacín digital Elblogoferoz.com. Desde 2007 forma parte del equipo organizativo del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife, Fimucité, donde desde 2013, es el responsable de la sección a concurso Fimucinema.