Vidas sencillas, relato sincero: “Milagros”

La obra documental de David Baute es dilatada. Desde Los hijos de la nube (2000) han pasado ya dieciocho años en los que su labor de director ha quedado marcada por una constante social en sus proyectos. Ya sea la inmigración, la memoria histórica, el arte y la historia de Canarias o la figura de la mujer, el cine de Baute presenta una mirada de respeto y consideración con la realidad retratada. Su manera de hacer documental, muy cercana en muchos casos al texto expositivo, tiene un fin pedagógico y por tanto divulgativo; en numerosos casos sus retratos se han convertido en piezas fundamentales para entender la sociedad y la historia del territorio insular, o mejor dicho, la historia de esta sociedad, la canaria, tan escasa de memoria. Por citar algunas piezas, es fundamental acercarse a Fetasianos, el laberinto habitado (2006), a la serie de 7 capítulos La memoria silenciada (2004), a Telesforo Bravo (2015) y por su puesto a Rosario Miranda (2002), película icónica en su carrera cinematográfica.

Su último documental, Milagros (2018) significa la evolución natural de aquello que latía en las capas más auténticas de Rosario Miranda. Este nuevo proyecto presenta la maduración de aquella mirada observacional que se escapaba con timidez en algunas escenas de Rosario Miranda, y al mismo tiempo, más allá de consideraciones formales y técnicas, Milagros es la historia de una mujer y su familia, de sus dificultades y situación marginal, al igual que ocurría con el retrato de Rosario Miranda, mujer transexual cuya vida quedó recogida con respeto y naturalidad en aquel cortometraje pionero con el que Baute retrató una realidad donde lo marginal se sufría de otras maneras.

El tiempo es protagonista del relato, así como el silencio, las miradas y el movimiento que se produce ante la cámara en una simulación de rutina, de devenir constante de una vida sencilla, cruda ante la realidad de dependencia que viven los hijos ya adultos de la protagonista. Milagros es un documental que habla sobre vidas posibles en realidades adversas; su relato es un grito que clama mejoras en los servicios a las personas con dependencia, pero un grito que nace desde la propia realidad que Baute recoge con su cámara al infiltrarse en la vida de una familia como otras muchas; un grito que no puede evitar el optimismo, tan habitual en su cine, y que lejos de construir un retrato victimista y doloroso se esfuerza por dar valor a la esperanza, a lo posible, al éxito que se puede encontrar cuando lo social, en este caso los servicios de dependencia, son una parte más de la realidad. 

Fotograma de “Milagros” (David Baute, 2018)

La película se sitúa en ese espacio de reconocimiento y divulgación, de testigo y lucha social; un documental con afán de aproximar una realidad que para muchos es ajena, una situación que merece ser mostrada. Pero Milagros, más allá de estas bondades, indiscutibles por otra parte, es un documental que marca un punto de inflexión en la carrera del cineasta tinerfeño. Milagros se convierte en un nuevo hito en la carrera de Baute, en la esperada evolución formal de su lenguaje después de aquel acercamiento humano a Rosario Miranda. El ejercicio observacional de Baute es sencillo, sin pretensiones, humilde como aquello que tiene frente a la cámara, natural, respetuoso y de una elegancia formal que en algunas escenas cuela de manera caprichosa elementos que enriquecen la lectura del texto fílmico.

El silencio representa en Milagros el espacio de la cotidianeidad; se encuentra en las varias escenas recogen a la familia mientras comen; se encuentra en las presentaciones de los personajes o en numerosos momentos del día a día que sirven como descubrimiento para el espectador de una realidad pura, sin artificios, de una felicidad natural, de un dolor contenido, de lo real. Pero ese silencio se ve nutrido por elementos que conquistan la imagen, como un panel blanco en una marquesina de guaguas que evoca la ausencia de un destino claro para los protagonistas, o las moscas que rodean a Milagros en un plano evocando una muerte futura o el olvido de la administración ante realidades como la de esta familia. En el silencio se produce igualmente el contraste de la cara más amable del documental, aquella que habla de la superación, de la felicidad pese a todo; el júbilo invade el hogar cuando se produce el viaje de una de las hijas, o del centro ocupacional en varios momentos, también, y de manera contenida, en la partida de un año nuevo entre uvas. Milagros esboza a través de elementos sencillos un retrato amable y sincero de una realidad social, muchas veces ignorada, otras desconocida.

Con todo, David Baute consigue con Milagros construir un relato tan respetuoso, necesario y cercano como el que logró con Rosario Miranda, pero sin la significación ni el posible recorrido histórico que ha alcanzado aquella película con el paso de los años. En Milagros David Baute vuelve a definirse como un cineasta generoso con el espectador, y lejos de realizar una pieza observacional que exija un esfuerzo extra para su lectura, el montaje de Baute mastica la realidad, la ordena y facilita para su comprensión directa, para transmitir aquello que busca el cineasta. De esta forma, el uso de la música extradiegética (se emplean dos singles de BeBe) remarca y refuerza el texto y dirige la significación del relato sin interrumpir el visionado; sin embargo, lo cierto es que, aunque justificado, la música desvirtúa la experiencia observacional de la película, de tal manera que la realidad se rompe, el montaje se hace evidente, y esto, lejos de ser correcto o no, puede llegar a molestar a un espectador purista con los modos de representación. Sin embargo, la película no es pretenciosa, no busca ahogarse en postulados academicistas o alabanzas estéticas y formales; su función es social, su público general y variado, y por eso, Milagros, con sus pequeñas concesiones, con su música y escenas reiterativas se vuelve un documental para todos, una película necesaria.

 

Desde el año 2011 escribe sobre cine en el portal web www.esenciacine.com que co-dirige desde entonces. Acompaña su actividad periodística con la investigación sobre distintas cuestiones del audiovisual canario. Desde 2017 dirige la revista digital Alisios y programa cine canario dentro de la programación de la iniciativa cultural Charlas de Cine que se realiza en Multicines La Laguna (Tenerife).